El petróleo no solo depende de los países que lo producen, de las refinerías que lo transforman o de las empresas que lo distribuyen. También depende, y mucho, de la geografía. Buena parte del comercio mundial de crudo, gasóleo, gasolina, gas natural licuado y otros productos energéticos circula cada día por rutas marítimas muy concretas. Dentro de esas rutas existen puntos especialmente sensibles: los estrechos, canales y pasos marítimos estratégicos.
Estos lugares, conocidos en el sector energético como chokepoints o cuellos de botella, son zonas de tránsito obligado para miles de buques. Si funcionan con normalidad, el comercio internacional fluye. Pero si sufren bloqueos, tensiones militares, ataques, sequías, accidentes o restricciones logísticas, el impacto puede trasladarse rápidamente a los precios, a los plazos de entrega y a la seguridad del suministro.
Entre todos ellos, el Estrecho de Ormuz ocupa un lugar destacado. Es, probablemente, el paso marítimo más importante del mundo para el petróleo.
El Estrecho de Ormuz: una puerta clave para la energía mundial
El Estrecho de Ormuz se encuentra entre Irán y Omán, y conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el Mar Arábigo. A simple vista puede parecer solo una franja de agua en el mapa, pero su importancia económica es enorme. Por él salen buena parte de las exportaciones energéticas de países como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Catar, Irak, Baréin e Irán.
Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos, en dos mil veinticuatro circularon por el Estrecho de Ormuz unos veinte millones de barriles diarios de petróleo y productos derivados, una cifra equivalente aproximadamente al veinte por ciento del consumo mundial de líquidos petrolíferos. Además, esos flujos representaron más de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo.
La importancia de Ormuz no se limita al crudo. También es fundamental para el gas natural licuado, especialmente por el peso de Catar como gran exportador mundial. La Agencia Internacional de la Energía señala que una parte muy relevante del gas natural licuado de Catar y Emiratos pasa por esta ruta, con alternativas muy limitadas para llevar esos volúmenes al mercado internacional.
El principal problema de Ormuz es precisamente ese: existen pocas rutas alternativas reales. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos cuentan con oleoductos que permiten sacar una parte de la producción hacia otros puertos, pero esa capacidad no sería suficiente para sustituir todo el tráfico habitual del estrecho. La EIA estima que, en caso de interrupción, habría alrededor de dos coma seis millones de barriles diarios de capacidad disponible en oleoductos saudíes y emiratíes para evitar Ormuz, una cifra importante, pero muy inferior al volumen que normalmente atraviesa el paso.
Por eso, cada vez que aumenta la tensión en la zona, los mercados energéticos reaccionan. No hace falta que el estrecho llegue a cerrarse: basta con que suba la percepción de riesgo para que aumenten los costes de transporte, los seguros marítimos y la volatilidad de los precios.
Bab el-Mandeb y el Mar Rojo: el vínculo entre Asia, Oriente Medio y Europa
Otro punto clave es el Estrecho de Bab el-Mandeb, situado entre Yemen, Yibuti y Eritrea. Este paso conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén y el Océano Índico. Su valor estratégico reside en que forma parte de la ruta que une Oriente Medio y Asia con el Canal de Suez y, por tanto, con el Mediterráneo y Europa.
Cuando Bab el-Mandeb funciona con normalidad, permite que los buques procedentes del Golfo Pérsico o de Asia lleguen a Europa sin tener que rodear África. Pero si esta ruta se vuelve insegura, los barcos pueden verse obligados a desviarse por el Cabo de Buena Esperanza, en el extremo sur del continente africano. Esto implica más días de navegación, más consumo de combustible, mayores costes operativos y retrasos en la cadena de suministro.
Las tensiones en el Mar Rojo han demostrado hasta qué punto este paso es sensible. La EIA indicó que los flujos de crudo y productos petrolíferos a través de Bab el-Mandeb cayeron más de un cincuenta por ciento durante los primeros ocho meses de dos mil veinticuatro.
Este tipo de alteraciones no afectan solo a las grandes navieras. Terminan influyendo en toda la cadena: refinerías, mayoristas, distribuidores, empresas de transporte, industrias, explotaciones agrícolas y consumidores finales.
Canal de Suez y oleoducto SUMED: el acceso energético al Mediterráneo
El Canal de Suez, en Egipto, es otro de los grandes corredores del comercio mundial. Para el petróleo, su importancia se complementa con el oleoducto SUMED, que permite transportar crudo desde el Mar Rojo hasta el Mediterráneo evitando algunas limitaciones del canal para determinados buques.
Suez es esencial porque acorta enormemente la distancia entre Asia, Oriente Medio y Europa. Sin esta vía, muchas rutas deben desviarse hacia el Cabo de Buena Esperanza. Ese rodeo no solo encarece el transporte, sino que también tensiona la disponibilidad de buques, aumenta los tiempos de entrega y puede provocar desajustes temporales entre oferta y demanda.
En los últimos años, además, el Canal de Suez ha ganado importancia por los cambios en los flujos energéticos derivados de sanciones, conflictos y reordenación del comercio internacional. La EIA explicó que, en el primer semestre de dos mil veintitrés, los flujos de crudo hacia el norte por Suez y SUMED habían aumentado más de un sesenta por ciento respecto a dos mil veinte, en parte por el aumento de la demanda europea y estadounidense tras la pandemia y por la sustitución de parte del petróleo ruso en Europa.
Estrecho de Malaca: la gran autopista energética de Asia
El Estrecho de Malaca, entre Malasia, Indonesia y Singapur, conecta el Océano Índico con el Mar de China Meridional y el Pacífico. Es una de las rutas marítimas más transitadas del planeta y resulta esencial para abastecer a economías como China, Japón, Corea del Sur y otros países del sudeste asiático.
Por Malaca circulan enormes volúmenes de petróleo procedente de Oriente Medio con destino a Asia. La EIA recoge que los flujos totales de petróleo por este estrecho se movieron en el entorno de más de veinte millones de barriles diarios en distintos trimestres recientes, lo que confirma su papel como una de las grandes arterias energéticas mundiales.
Su vulnerabilidad se debe a varios factores: alta densidad de tráfico, riesgo de accidentes, amenazas de piratería en determinadas zonas y falta de alternativas igual de eficientes. Un bloqueo o una interrupción grave obligaría a muchos buques a tomar rutas más largas por otros pasos de Indonesia, con el consiguiente aumento de costes.
Otros pasos estratégicos: Turquía, Panamá, Dinamarca y Gibraltar
Además de Ormuz, Bab el-Mandeb, Suez y Malaca, existen otros pasos marítimos relevantes para el comercio energético mundial.
Los estrechos turcos, especialmente el Bósforo y los Dardanelos, conectan el Mar Negro con el Mediterráneo. Son fundamentales para las exportaciones de petróleo y productos derivados procedentes de la región del Mar Negro, incluyendo flujos vinculados a Rusia, Kazajistán y otros productores de la zona.
El Canal de Panamá también tiene importancia energética, aunque su papel es distinto. Es especialmente relevante para determinados productos petrolíferos, gas licuado del petróleo y gas natural licuado, sobre todo en rutas entre Estados Unidos, Asia y América Latina. La sequía que afectó al canal en dos mil veintitrés y dos mil veinticuatro mostró que los riesgos no siempre son geopolíticos: también pueden ser climáticos y logísticos.
Los estrechos daneses, por su parte, conectan el Mar Báltico con el Mar del Norte y son importantes para el comercio energético del norte de Europa. Y el Estrecho de Gibraltar, especialmente relevante desde una perspectiva española, es la puerta natural entre el Atlántico y el Mediterráneo. Aunque no concentra los mismos volúmenes petroleros que Ormuz o Malaca, su posición geográfica lo convierte en un punto esencial para el tráfico marítimo internacional y para la conexión energética entre Europa, África y el Mediterráneo.
Qué significa todo esto para empresas, agricultores y consumidores
Cuando se habla de estrechos estratégicos, puede parecer que estamos ante un asunto lejano, propio de la geopolítica internacional. Sin embargo, sus consecuencias son muy reales en el día a día.
Una interrupción en una ruta clave puede encarecer el transporte marítimo, retrasar la llegada de cargamentos, alterar los precios internacionales del crudo y afectar al coste final de carburantes como el gasóleo A, el gasóleo B, el gasóleo C o la gasolina. En sectores como la agricultura, el transporte, la industria, la construcción o la calefacción, la estabilidad del suministro energético es un factor esencial para planificar costes y mantener la actividad.
Por eso, contar con proveedores especializados y con capacidad de respuesta es especialmente importante. Coria Oil distribuye gasoil tipo A, gasoil tipo B, gasoil tipo C y gasolina, con servicio en toda España, orientado tanto a particulares como a empresas y profesionales que necesitan un suministro fiable.
La energía también depende de la logística
El comercio mundial de petróleo no se entiende solo mirando pozos, refinerías o precios internacionales. También hay que mirar mapas. El Estrecho de Ormuz, Bab el-Mandeb, el Canal de Suez, el Estrecho de Malaca, los estrechos turcos, Panamá o Gibraltar demuestran que la energía depende de rutas muy concretas y, en ocasiones, muy vulnerables.
La seguridad energética no consiste únicamente en producir más. También consiste en transportar mejor, diversificar rutas, anticipar riesgos, mantener reservas, reforzar infraestructuras y contar con empresas capaces de responder cuando el mercado se vuelve inestable.
En un mundo cada vez más interconectado, lo que ocurre en un estrecho situado a miles de kilómetros puede terminar influyendo en el precio del combustible que utiliza una explotación agrícola, una flota de transporte, una caldera industrial o un vehículo particular. Comprender esa conexión ayuda a valorar la importancia de una cadena de suministro energética sólida, profesional y bien organizada.













